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¿El teflón es tóxico? La verdad sobre tus sartenes (y su origen accidental)

El teflón no es tóxico: lo era el PFOA que se usaba para fabricarlo y está prohibido desde 2020. Lo que sí debes evitar, y qué hacer si la sartén está rayada.

¿El teflón es tóxico? La verdad sobre tus sartenes (y su origen accidental)

Esta mañana, al hacer la tortilla o calentar la sartén para el desayuno, has usado un material que nació por accidente, que fue secreto de guerra en el Proyecto Manhattan y que ha viajado al espacio. No está mal para algo que asociamos con que el huevo no se pegue.

Hablo del teflón. Y como esta es de las preguntas que más se buscan en Google, empiezo por ahí y luego te cuento la historia, que es buenísima.

⚠️ ¿Es tóxico? Vamos al grano

La respuesta corta: el teflón en sí, no. Lo que fue un problema de verdad es otra cosa que se usaba para fabricarlo. Y hay una forma de usarlo que sí es mala idea. Por partes.

El teflón que tienes en la sartén es PTFE, un plástico tan pasota que ni los ácidos le hacen nada. Justamente porque no reacciona con nada, tampoco reacciona contigo. Si un día se te desprende una escamita y te la comes, atraviesa el cuerpo tal cual y sale por donde tiene que salir.

Lo que sí traía cola era el PFOA, un compuesto que se usaba en el proceso de fabricación. Ojo al matiz, porque es donde todo el mundo se lía: el PFOA no es el teflón, era un ayudante para hacerlo. Ese sí resultó ser un problema serio. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer lo clasificó en el grupo 1, o sea, cancerígeno para humanos, con evidencia asociada a cáncer de testículo y de riñón. Y DuPont acabó pagando 670,7 millones de dólares en una demanda colectiva.

La buena noticia: se dejó de usar. En Estados Unidos ya no se fabrica, y en Europa está prohibido por reglamento desde 2020. Cualquier sartén que compres hoy en una tienda normal viene sin PFOA, y de hecho lo verás anunciado en la caja.

Entonces, ¿dónde está el riesgo real hoy?

En el calor. El PTFE aguanta hasta unos 270 grados. Por encima empieza a descomponerse y suelta humos. Y aquí viene el detalle que casi nadie sabe: cocinando normal no llegas ahí ni de broma, pero una sartén vacía a fuego fuerte alcanza esa temperatura en pocos minutos. Ese es el error, poner la sartén al fuego y despistarse mientras se calienta.

Si alguna vez has notado un olor raro y luego un día de malestar tipo gripe leve, tiene nombre: fiebre de los humos de polímeros. Pasa, se va solo, y se evita simplemente no calentando la sartén en seco.

Un aviso serio para quien tenga pájaros en casa: sus pulmones son mucho más sensibles que los nuestros y esos humos los matan. Si vas a cocinar a fuego fuerte, saca la jaula de la cocina.

🍳 ¿Y si la tengo rayada?

Cámbiala, pero no por miedo a envenenarte.

El motivo es más simple: una sartén rayada ya no hace su trabajo. El recubrimiento se ha ido por donde están las marcas, ahí se te pega todo, y acabas usando más aceite y más fuego. Que es justo lo que la estropea del todo.

Tres cosas que le alargan la vida bastante:

Nada de metal. Espátula de madera o silicona y se acabó el problema.

Fuego medio. El antiadherente no necesita fuego fuerte, y el fuerte es lo que se lo carga.

Y no la metas al lavavajillas aunque diga que se puede. El detergente de lavavajillas es agresivo y va comiéndose la capa lavado a lavado.

Con eso te dura años.


Si te has decidido a cambiarla, esto es lo que yo tendría en la cocina. Ojo al matiz, que es todo el sentido de este post: la sartén que recomiendo es antiadherente normal y corriente —o sea, con PTFE—, porque el problema nunca fue ese. Lo que de verdad alarga la vida de una sartén es lo segundo.

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Ahora sí, la historia. 👇

🧪 La bombona que estaba vacía pero pesaba

Nos vamos al 6 de abril de 1938, a un laboratorio de DuPont en Nueva Jersey. Allí trabajaba Roy Plunkett, un químico de 27 años que llevaba dos en la empresa. Su misión no tenía nada que ver con cocinas: buscaba un gas refrigerante para frigoríficos que fuera seguro.

Para sus experimentos usaba bombonas de un gas llamado tetrafluoroetileno. Y una mañana, al abrir la válvula de una de ellas, no salió nada. Bombona vacía, pensó. Salvo por un detalle: al pesarla, la báscula decía que seguía llena. El gas tenía que estar dentro. Pero no salía.

Cualquiera habría apartado la bombona defectuosa y habría cogido otra. Plunkett y su ayudante hicieron lo que hay que hacer en esta serie: abrirla en canal. La serraron por la mitad y dentro encontraron un polvo blanco, ceroso e increíblemente resbaladizo.

El gas se había polimerizado él solo. Las moléculas se habían unido en cadenas larguísimas formando un sólido nuevo, el politetrafluoroetileno. Para los amigos, PTFE.

☢️ Secreto de guerra

DuPont lo patentó en 1941 y registró la marca Teflon en 1945. Solo había un problema: era carísimo de producir y nadie sabía muy bien para qué servía.

Hasta que llamó a la puerta el cliente con el presupuesto más ilimitado de la historia. A principios de los cuarenta, los científicos del Proyecto Manhattan tenían un lío gordo: para enriquecer uranio usaban un gas tan corrosivo que se comía las juntas y las válvulas de las tuberías.

¿Y qué material aguantaba aquello? El polvo blanco de la bombona de Plunkett. Se usó para recubrir válvulas y juntas en las instalaciones de Oak Ridge, y funcionó tan bien que pasó a ser material estratégico y secreto.

O sea que el primer gran uso del teflón no fue una sartén. Fue la bomba atómica.

👩 Colette, Marc y la sartén que no se pega

La parte más simpática llega en los años cincuenta, en Francia. Un ingeniero llamado Marc Grégoire, aficionado a la pesca, usaba teflón para recubrir sus aparejos y que el sedal no se enredara.

Su mujer, Colette, viendo aquello, le soltó la idea del millón. De muchos millones, en realidad: «¿y por qué no recubres mis sartenes, que se pega todo?».

Dicho y hecho. Grégoire dio con la forma de fijar el PTFE al aluminio, patentó el proceso en 1954 y en 1956 el matrimonio fundó una empresa cuyo nombre te va a sonar: Tefal, de TEFlón más ALuminio. En 1960 ya vendían millones de sartenes al año.

De un laboratorio secreto de la guerra a la cocina de tu abuela en quince años.

🚀 Del laboratorio a tu chaqueta

El teflón no se quedó en la sartén.

Los trajes de las misiones Apolo llevaban tejido con teflón en las capas exteriores para aguantar el desgaste y las temperaturas extremas. Por cierto, la NASA no lo inventó, igual que tampoco inventó el velcro. Solo le dio uso, y mucha fama.

En 1969, Bob Gore descubrió que estirando PTFE se creaba una membrana con millones de microporos que deja salir el sudor pero no deja entrar el agua. Sí: tu chaqueta de montaña es hija del teflón. Se llama Gore-Tex.

Y de ahí a los cables, las prótesis médicas y las juntas industriales.

Este post forma parte de la serie Eureka, historias de tecnología que nació sin querer. Y pocas nacieron tan sin querer como esta.

🙌 Resumiendo

El teflón no es tóxico: lo era el PFOA que se usaba para fabricarlo, y hace años que no se usa. Lo único que debes evitar es calentar la sartén vacía a fuego fuerte, porque por encima de 270 grados el recubrimiento se descompone. Y si está rayada, cámbiala porque ya no funciona, no porque te vaya a envenenar.

Todo eso vino de un químico de 27 años que abrió en canal una bombona que no debería pesar lo que pesaba. La moraleja de la serendipia, que es de lo que va esta serie: cuando algo no cuadra, no lo tires. Ábrelo y mira dentro.

Gracias por llegar hasta aquí. Y si conoces a alguien de esos que precalienta la sartén vacía a tope mientras prepara los huevos, pásaselo, que le va a servir más que a ti.


📚 De dónde salen los datos

Aquí se habla de salud, así que las fuentes son organismos oficiales y no blogs de tiendas de sartenes, que es lo que llena la primera página de Google:

  • Qué dice la Sociedad Americana del Cáncer sobre el PFOA y los antiadherentes — cancer.org
  • El reglamento europeo que prohíbe el PFOA desde 2020 — eur-lex.europa.eu
  • Qué es el PTFE, qué temperaturas aguanta y por qué el PFOA no es lo mismo — es.wikipedia.org
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